Definitivamente no. Pese a su gran éxito, el libro de Jonathan Swift ha sido reducido a lecturas infantiles, expurgando las partes más duras. Su sarcasmo ácido ha conseguido que no se le haya hecho justicia en cuanto a su valor literario total, como lectura para adultos.
Los liliputienses, los reyes de brob-ding-nag, los houynms y los yahoos forman ya parte de la galería de grandes personajes literarios que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida y de quienes hemos aprendido mucho acerca de las virtudes y defectos de la especie humana.
Leer, pues, los viajes de Gulliver es emprender una aventura fascinante, compartir el riesgo, los descubrimientos y las sorpresas que el capitán Gulliver halla en su azaroso camino. Es sentir el placer de la lectura intensa y divertida. Quizás sea por ello que los niños, cuando llegan a Liliput por primera vez, lo hacen con los ojos limpios y brillantes; pero cuando ya adultos viajan de nuevo a esa isla, descubren paisajes menos luminosos que les pasaron desapercibidos en su primera visita.
Hoy, casi trescientos años después, el libro de Swift sigue vigente. Sin duda, es uno de esos libros que nadie debería dejar de leer.
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