
Honoré de Balzac, pese a su hercúlea figura y fama de escritor bohemio, era un hombre que buscaba el afecto femenino y lo buscó toda su vida, desde muy pequeño… afecto que su madre no le pudo dar.
Esta carencia, y gracias a su capacidad de observación para captar los detalles de su realidad cotidiana y propia historia de vida, los plasmó en cada una de las novelas que componen su gran “Comedia humana”.
Solía escribirle a su hermana: “Mi plato está vacío y tengo hambre. Mis dos únicos e inmensos deseos es ser célebre y ser amado… consagrarme a la felicidad de una mujer es para mi un sueño perpetuo”.
Balzac adoraba a las mujeres, pero de un modo poético, etéreo y refinado… en medio de sus problemas económicos, les pedía consuelo y el valor que tanto necesitaba, y ellas, a su vez, le eran fieles.
Se decía que él arrojaba por todas partes grandes trozos de su corazón, pues era muy tierno, pero fue a la condesa polaca Eveline Hanska a quien le entregó su único y gran amor para toda la vida; un amor que llegó demasiado tarde, pues seis meses después de casados, Balzac moriría de una enfermedad del corazón.
En “La comedia humana” representó a las mujeres de muchas maneras. A algunas las idealizó en “Eugenia Grandet” o Pauline en “La piel de zapa”; hubo también las trágicas prostitutas en “Esplendores y miserias de las cortesanas”; las bien casadas hijas en “Papá Goriot”; otras mujeres del gran mundo capaces de ayudar en la escalada social a sus amantes, la dominante y masculina “Prima Bette”; o la heroína de “La muchacha de los ojos de oro”, y muchas más de ese universo femenino en el que Balzac estaba tan cerca y tan lejos.
Por: Amelia Villanueva Ramirez
Foto tomada de: www.kalipedia.com
********
No te pierdas Letras en el tiempo los sábados a partir de las 11:30 de la mañana, con la conducción de Patricia del Río.
Los audios del programa puedes descargarlos presionando sobre la imagen de la secuencia multimedia de este blog, en la columna derecha.