
Alexandre Dumas, homónimo de su famoso padre, también destacó en las letras francesas, sobre todo con su inmortal novela “La dama de las camelias”, pero brilló más como dramaturgo…
Nació en París, el 28 de julio de 1824 como hijo natural del escritor Alejandro Dumas y una de sus muchas amantes, la modista Marie-Catherine Labay.
Vivió una infancia tranquila junto a su madre, pero al llegar a los 17 años se fue a vivir con su padre, en cuyo entorno social sufrió en carne propia la discriminación y desprecio por su condición de hijo fuera del matrimonio, lo que le empujó a entregarse a una vida de disipación, libertinaje y deudas, que le conducirían posteriormente a una profunda crisis de remordimiento.
Toda esta experiencia la plasmó más tarde en una literatura moralista, en la que el pecado carnal es castigado sin remisión y la mayoría de sus personajes son seres marginados y víctimas de los convencionalismos. Expuso la teoría de que aquél que trae un hijo ilegítimo al mundo, tiene la obligación moral de legitimizarlo y casarse con la mujer.
Fue uno de los fundadores de la “obra moral”, drama realista de clase media que se ocupa de los males contemporáneos y sus posibles soluciones. Casi todas sus obras abordan problemas sociales y morales, como la infidelidad conyugal o la prostitución. En 1874, fue elegido miembro de la Academia Francesa y en 1894 le fue concedida la Legión de Honor.
Falleció el 27 de noviembre de 1895, dejándonos el legado de una novela romántica por excelencia, “La dama de las camelias”, que, haciendo escuela, ha sentado las bases de un arquetipo: el de la mujer caída a la que redime el amor.
A diferencia de su padre, cuya literatura es más de acción y aventuras, en Dumas hijo se evidencia a un gran novelista dotado de una marcada sensibilidad, que convierte el conjunto de su obra en algo digno de ser tomado en cuenta y que excluye cualquier tipo de comparaciones con su célebre progenitor.
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