
Conocido como el “maestro del corazón humano” a causa de su visión psicológica y penetrante del ser humano, Fiodor Dostoievski tuvo dificultad consigo mismo para dominar sus propias emociones.
Su afición por el juego se fraguó de forma casi fortuita durante un viaje por Europa en 1863. Tenía 42 años y era apenas un autor medianamente reconocido, que luchaba por salir de la penuria con los pocos títulos que había publicado, que entonces solo servían para sostenerlo malamente.
Es en Wiesbaden, uno de los tantos balnearios europeos, donde descubrió el placer de la ruleta y desde entonces quedó preso de su adicción, un vicio que lo llevó a la ruina… en una carta a su hermano describió aquel proceso fulminante que lo convertiría en ludópata:
“En Wiesbaden inventé un sistema propio de juego; lo apliqué y de inmediato gané diez mil francos… a la mañana siguiente, exaltado, cambié de sistema y perdí. Por la noche volví de nuevo a mi sistema, siguiéndolo rigurosamente, y pronto gané de nuevo tres mil francos. Dime, ¿cómo era posible, después de esto, no entusiasmarse?”.
Ahora Dostoievski solo quería jugar, y de solo pensar en la ruleta, sus manos comenzaban a temblar… creía haber descubierto el secreto del éxito en las apuestas. “Es de lo más simple y tonto: únicamente es preciso ser dueño de uno mismo y, sean cuales sean las peripecias de una partida, evitar quemarse”.
Jugaba sin control, y lo que ganaba lo llevaba a tal excitación que apostaba todo hasta perderlo… nada material se salvó, inclusive las ropas y joyas de su esposa terminaron en las casas de juego… y con ello también el amor de su esposa Paulina Souslova, quien huyó de la miseria en la que cada día Fiodor la envolvía.
Agobiado por las deudas, aceptó el encargo de escribir una novela en tiempo récord, es así como en tres semanas terminaría la gran novela sobre la ludopatía: “El jugador”, terrible síntesis de sus experiencias frente a la mesa de juego.
Fueron las circunstancias las que apartaron a Dostoievski de esta tormentosa adicción cuando en 1877 el juego quedó prohibido en Alemania y Suiza… Habían transcurrido trece años desde aquella primera vez frente a la ruleta… Cinco años después, en 1881, murió con la conciencia de estar sumido en la degradación. Tenía 60 años.
Foto tomada de: aquileana.wordpress.com